De esas cenizas, fénix nuevo espera;

Mas con tus labios quedn vergonzosos
(que no compiten flores a rubíes)
y pálidos, después, de temerosos.

Y cuando con relámpagos te ríes,
de púrpura, cobardes, si ambiciosos,
marchitan sus blasones carmesíes.


Francisco de Quevedo


jueves, 19 de abril de 2012

Hay días en los que el mundo simplemente se quiebra

Alguna vez escuché hablar a dos viejitos, y decían que, al enfermar uno de ellos, el otro se convertía en su sombra; que si uno de ellos perdía la pierna, era como si la perdieran ambos. Lo mismo pasa con los amigos de años y años. Si se desploma el corazón de uno, lo resienten los dos.

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